Se7en. Discurso de John Doe (1)
SOMERSET: ¿Quién eres, John? ¿Quién eres realmente?
JOHN DOE: ¿A qué te refieres?
SOMERSET: A estas alturas, hablarnos de tí no puede hacerte ningún daño.
JOHN DOE: Da igual quién soy, creo que eso no tiene ninguna importancia. Continúa por el carril izquierdo, ¿quieres?
MILLS: ¿A dónde nos dirigimos?
JOHN DOE: Ya lo verás.
MILLS: No sólo vamos a recoger un par de cadáveres más, ¿verdad? Eso no sería impactante. Debes pensar en lo que dirán los periódicos.
JOHN DOE: Si quieres que la gente te escuche, no puedes limitarte a darles una palmadita en el hombro; hay que usar un mazo de hierro. Sólo entonces se consigue una atención absoluta.
MILLS: Pero la cuestión es: ¿tan especial te crees para que te escuche la gente?
JOHN DOE: No soy especial. Nunca me he creído excepcional. unque esto sí lo es; lo que hago, mi trabajo.
SOMERSET: ¿Tu trabajo, John?
JOHN DOE: Sí.
MILLS: Lo siento, pero yo no veo nada especial en lo que haces, John.
JOHN DOE: Eso no es cierto.
MILLS: No, es verdad. Porque lo curioso es que da igual: dentro de dos meses nadie se acordará, esto se habrá olvidado, ni siquiera sabrán tu nombre...
JOHN DOE: Aún no has contemplado toda mi obra. Pero cuando esto acabe, cuando haya terminado, algo quedará. La gente quizás no comprenda nada, pero tampoco podrá negarlo.
MILLS: Estamos perdiendo el tiempo. Háblanos de lo que has planeado, John.
JOHN DOE: Estoy impaciente porque lo veas. Te aseguro que será algo incomparable.
MILLS: Puedes estar seguro de que lo veré, porque estaré a tu lado. Así que, cuando llegue el momento, acuérdate de avisarme. No quiero perdérmelo.
JOHN DOE: No, no te preocupes. No te lo perderás. No perderás ni un detalle.